La terapia

El Análisis Bioenergético pretende  ayudar  a la persona  a comprender el origen de sus conflictos, traumas o déficits y sus efectos en el presente, a partir de la vivencia psico-corporal y  la interacción con el/la terapeuta.

Esto permite que la persona pueda recuperar un movimiento interno propio, la fuerza vital, la capacidad de sentirse y relacionarse con el entorno de una manera más satisfactoria y plena.

La finalidad del proceso terapéutico es conseguir el restablecimiento de la salud física y emocional que necesita la persona a través, básicamente, de devolver el movimiento y la vida emocional  a todo lo que es causa de malestar (angustia, depresión, problemas de relación, problemas sexuales, trastornos psicosomáticos…), con tal de poderlo resolver.

El proceso terapéutico se inicia con la demanda de ayuda de la persona y  define la dirección y el final del mismo. Es la definición de la demanda la que permite una actitud activa por parte de la persona en su proceso terapéutico. Al mismo tiempo, el/la terapeuta establece unos límites y un marco de trabajo que posibilita el proceso.

Actualmente, muchas de las dificultades que viven las personas, están relacionadas con dificultades relacionales, derivadas de los trastornos en la vinculación a lo largo del desarrollo. El proceso terapéutico, en tanto que proceso de vinculación, puede ayudar a identificar las dificultades existentes (soledad, aislamiento…) y a restablecer la capacidad de relación.

Cómo trabajamos
  • Trabajo  psicológico, emocional y corporal a partir de la movilización energética en un marco terapéutico donde la relación  es un componente fundamental  que permite la conexión emocional.
  • La relación terapéutica permite el análisis corporal e interaccional, con el cual identificar los conflictos y  patrones  relacionales.
  • El cuerpo y la relación permiten a la persona comprender su historia, desde su propia vivencia psico-corporal. A partir de esta comprensión y vivencia puede construir otras maneras de relacionarse más satisfactorias en su vida presente.
  • La relación terapéutica posibilita la regulación emocional. La presencia auténtica que ofrece el terapeuta, ayuda a la expresión emocional en algunos momentos y en otros facilita la contención necesaria para que la persona pueda tolerar la vivencia de sentimientos difíciles.

La respiración y la movilización corporal posibilitan el aumento de la vitalidad y la relajación de las tensiones crónicas, resultantes de los conflictos vividos. El contacto visual, verbal y la relación terapéutica, facilitan la seguridad y la contención para abordar los conflictos y desarrollar nuevas estrategias y patrones relacionales.

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